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Comentario de Teatro 2006 Para publicar en esta sección tu propio comentario sobre alguna obra o rebatir alguna crítica escribe a contacto@telon.cl <<Roberto
Zucco>> Obra: Roberto Zucco/ Autor: Bernard-Marie Koltès/ Traducción: Alejandro Madrid/ Dirección: Víctor Carrasco/ Producción: Verónica Rodríguez/ Escenografía: Rodrigo Ruiz/ Vestuario: Jorge Chino González/ Músico: Sebastián Errázuriz Elenco: Ya es un clásico que el Teatro Nacional Chileno presente en su cartelera la vida y la obra de héroes contemporáneos o antihéroes específicamente. Hace un par de años tuvo la oportunidad Aniceto Hevia en la producción del montaje Hijo de Ladrón de Manuel Rojas, dirigida y adaptada al teatro por Raúl Osorio y Andrea Moro. Ahora es la ocasión de Roberto Zucco en la obra homónima que presenta el Festival Internacional de Teatro Santiago a Mil: es del francés Bernard-Marie Koltès (1), dirigida por Víctor Carrasco(2) y traducida del francés por Alejandro Madrid, el elenco está formado por veintiséis actores del jet-zet de la tabla nacional. También es un clásico en el TNCH(3) el actor que modula todo excesivamente, que articula letra por letra mientras las expresiones de su rostro parecen llegar de manera fotográfica y su cuerpo se mueve en el espacio lo más ficticiamente posible aunque los brazos tengan que quedar inertes durante cinco minutos de parlamento, que de seguro molesta a los más contemporáneos, pero que a la hora en que se hace el balance del montaje resulta ser una joya cuando el lenguaje se le escapa a esta sociedad. La universalidad de esta obra dramática tampoco nos permite hacerla totalmente nuestra y ahogarla en nuestras jergas y neologismos: el extranjero que a menudo concurre a la sala Antonio Varas tiene derecho también a comprender la versión chilena de la obra que aquí se analiza, y de todos modos, la traducción reciente puede tranzar con los más típicos garabatos criollos de mayor forma que la traducción de Isidoro Aguirre hacia el año 1992, sin quitarle ese sello que caracteriza consecuentemente al TNCH. A diferencia del texto, no se
conserva una tradicional escenografía en Roberto Zucco. Subyugada
a nuestra modernidad nos muestra un atractivo alegórico visual
en las cortinas de un burdel, en un asiento de la estación del
metro, en una mesa de casa que es una suerte de otro escenario, en la
azotea de una cárcel, o un sol lejos de lo que puede ser un sol
convencional… pero no se les perdona la carencia de un viento huracanado,
recurso clave para comprender el génesis de este drama-trágico
(4) que seguramente hubiese sido posible
en algún teatro-top de Santiago. En una obra de 120 minutos en la que actúan veintiséis actores es fácil determinar el logro interpretativo: si brilla por su presencia o brilla por su ausencia. En la primera generalización brillan las actuaciones de las mujeres Claudia di Girólamo y Ximena Rivas, las mega-expresivas del montaje ; la primera una solterona virginal que proyecta una desmedida maternalidad por quien fuera su hermana (Patricia López), y la segunda es una impulsiva y cansada mujer “idiota” que se enamora del bandido que robó su mercedes y que mató a su hijo. De los hombres; ostentan personajes comprometidos los actores Francisco Pérez-Bannen, Juan Pablo Ogalde - quien quizá era el que mejor representaba esa abulia de formato por saberse o no la última prioridad en una sociedad suntuosa o por simple enajenación -, un potente Óscar Hernández que aparentaba no tranzar ni con la resignación del público, y un senil tanto sabio tanto solo interpretado por Fernando González que evoca un monólogo majestuoso, quizá el más desafiante para un espectador incauto. El protagonista nos regala un personaje lleno de metas, pero que alcanza a ellas en las últimas escenas, eso sí dotado siempre de una inteligencia escénica que lo hizo mostrar lo mejor de su técnica, este personaje fue interpretado por Néstor Cantillana, el homicida prófugo Roberto Zucco. Patricia López interpreta a una mocosa de vital importancia en la obra, que le entrega su virginalidad al bandido, lo que pone en conflicto a toda su sobre protectora familia y que rápidamente le roban la escena. A mi juicio, su ternura fue muy mal focalizada y el actor debe hacerse respetar como hace ella cuando se asegura la tribuna en cámaras y potencia su coquetería y sensualidad en los programas estelares. El resto del elenco mantiene un gran nivel, pero no destacan como el público esperaba. En consecuencia; este rescatable y respetable estreno al alcance de todos los intelectos(5) , está más dotado de fama. Sin duda deben sentir el gozo de la demanda, pero que sea a su saber que no dieron la mejor de las garantías, es de noble experimentar esta sana insatisfacción - en ningún modo fracaso -, pues gran parte de ellos están en deuda con el teatro nacional. Gonzalo Toledo A. 1. El autor escribe la obra
el año 1988 y es presentada en Berlín el año 1990. _______________________________________ Lunes
2 de enero de 2006 El grupo La Manga en acción. El montaje de La Manga destaca en el festival de teatro Santiago a mil, que parte hoy. -------------------------------------------------------------------------------- A juzgar por "Del otro lado del muro", el juvenil grupo La Manga tiene mucho que aportar en el futuro. Lo mejor de este debut -que adapta libremente el escalofriante cuento de horror "La gallina degollada", del uruguayo Horacio Quiroga- es el sorprendente aplomo con que el colectivo mantiene bajo control los recursos de que echa mano. Desde luego se resiste a caer en la tentación del ya gastado "thriller" y el granguiñol; los aspectos sangrientos del relato están estilizados. La historia de los tres hermanos con retraso mental y de su nueva hermanita sana, es contada aquí con espanto, pero básicamente para referirse al rechazo de los discapacitados por el mundo "normal". Aunque, en verdad, dado el formato del montaje, esa crítica parece más bien en ciernes. El lenguaje corporal que emplea La Manga, dirigida por Fabiola Matte, es sin duda heredero del de Mauricio Celedón (Teatro del Silencio) y de La Patogallina, pero además agrega algunos textos pregrabados que los actores 'doblan' en escena. Clave en el resultado es el dispositivo escénico en que ocurre casi toda la acción, un pequeño gallinero coronado por una suerte de guillotina, estructura que girando sobre su eje sugiere el paso del tiempo y sirve para producir otros efectos. La atmósfera se beneficia también de un atractivo uso de la iluminación, y de la música en vivo a cargo de sólo dos instrumentistas, que marca los ritmos y subraya los cambios de clima emocional. Teatro San Ginés, Sala 1. Diario a las 22:30 horas. General $ 5.000, estudiantes y 3ª edad $ 4.000. (Desde hoy al martes 10 ininterrumpidamente). El lenguaje corporal que emplea
La Manga es heredero del de Celedón y de La Patogallina.
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